“A través de la comida uno tiene una posición política”

Entrevista a Manuela Peralta y Mariana Acosta |

Por Fany Postan |

              La pareja pedagógica nos recibió el jueves 4 de noviembre en la primera Escuela de Formación Agroecológica de América Latina, construida en Concordia de manera participativa y sustentable, como parte de uno de los proyectos medioambientales y educativos de la Asociación Civil Luz de Ibirá. Mariana Acosta y Manuela Peralta se plantan en la educación por demanda: quienes nos demandan y nos muestran el camino son las nuevas generaciones. “Estos chicos nos enseñan a nosotros los docentes que vayamos cambiando las miradas pedagógicas y de aprendizaje, pero también los sistemas de apropiación del conocimiento”. Esta vez la entrevista fue con público, y no era para menos, tratándose de dos puntas de flecha que van abriendo caminos posibles por los que transitar en esta ampliación de conciencia colectiva.

Mariana: “Salimos de la escuela República Oriental del Uruguay, que es una escuela pública de la zona sur de Concordia, escuela de borde, de contexto, que nos necesitó como pareja pedagógica. Ella es de la Ciencias Sociales y yo de las Cs. Naturales. Confluímos las dos lecturas y de ahí convenimos en que la educación ambiental era lo que nos convocaba en la organización del currículo de las materias que dábamos en esa escuela. Empezamos ahí en el 2002 y nos constituímos como ONG en el 2016. En el 2010 empezamos a trabajar con los chicos fuera de la escuela, invitándolos a salir del entorno. Porque la escuela no es solo de borde y de distintas fronteras que se le van poniendo, sino que es una escuela donde los chicos van por segunda, tercera o cuarta selección. “¿No hay otra escuela? Bueno, van a esa.” Además de tener los problemas reflejados de la comunidad misma dentro de la escuela, no tenía espacios. No entrábamos con los alumnos en las aulas disponibles. Entonces o nos quedábamos sin clase y sin alumnos o tomábamos otras decisiones.

Investigaciones

              Fuimos primero como observadores de la comunidad de alrededor. Si bien eran chicos que en las evaluaciones de los exámenes tradicionales tenían muy poco crédito, al estar en el contexto sabían mucho de por qué había basura, por qué se producían desmontes, por qué se hacían ladrillos. Lo que hicimos nosotras fue traducir eso a un lenguaje científico e ir armando proyectos de investigación. Lo primero que investigamos fue  en relación a las mujeres y la basura. ¿Te acordás que fue todo un fenómeno eso?

La dupla educativa buscó un camino alternativo a la escuela convencional (Foto: Omar Lagraña)

Manuela: Si, porque fue un equipo de sociólogas a ver el trabajo en la feria de ciencias. Era un trabajo donde las mujeres nos explicaban que ellas hacían todo el trabajo, los hombres cobraran y se gastaban el dinero. Empezamos a visibilizar el tema del trabajo de las mujeres.

Mariana: Se llamaba “Reciclando machismos”, en el 2007 o 2008.

Manuela: Trabajamos educación sexual cuando nadie hablaba de la ESI. Iban muchas chicas con sus bebés a la escuela, y  siempre se las recibió. Hasta que hubo un corte, un cambio de directora.

Mariana: Cuando una hace trabajos de investigación y sobre todo en un ambiente, no a todos les es cómodo el resultado. Estudiamos también el suelo del basural que se comportaba diferente frente al suelo nativo. Todos esos trabajos fueron con premio y además los chicos de la zona sur podían ir a las olimpíadas, viajábamos y salían del barrio. Hay gente que le gusta eso y hay otra que no. Las que no, nos decían: “No, no pueden viajar, ¿por qué no hacen otra cosa?”. Hasta que fuimos seleccionados para ir a un viaje en Ecuador y nos dijeron que no podíamos ir. Nos obligaron a cambiar el rumbo, a tomar otro camino que no es el de la escuela tradicional. Nos formamos primero como club de ciencia y luego como ONG para ir encauzando estos proyectos ambientales.

Hicimos una investigación que no recibió ningún premio pero pudimos ver que todos los peces a lo largo del Río Uruguay están contaminados con Escherichia Coli. Trabajamos en conjunto con la facultad que hizo el análisis de la piel de los peces que encontrábamos en el sendero protegido y de los que vendían en la calle. Estaban todos contaminados. ¿Entonces a quién le conviene eso? Por supuesto que no es lindo mostrar que lo que estás vendiendo está contaminado con agua de cloaca. Son trabajos que a nosotros nos permitían que los chicos se vayan empoderando.

Manuela: Fuimos a un encuentro que hizo la CARU. Éramos tres profesoras y nos encontramos con que la universidad presentó el trabajo que nosotras habíamos hecho. Pero le daba relevancia científica, porque las experiencias áulicas que nosotras hacemos no tienen esa relevancia. Siempre decimos que nosotras hacemos el camino, y después que otro lo siga.

Convenios

Mariana: Nos eligió la ONG Tagma (para subsidiar los materiales para la Escuela) por todo eso que venimos contando desde hace mucho tiempo, que nos permitió ir a ferias provinciales, nacionales, a Paraguay, Colombia, Brasil, México y España con estos proyectos, con chicos que en la realidad son puestos como de contexto o de problemas de aprendizaje, conducta y adaptación. Entonces nosotros podemos demostrar que hay otras pedagogías para tener en cuenta cuando el contexto lleva a que el chico no se adapte a ese sistema, que los deja fuera y los excluye, de eso que capaz no es bueno para ellos tampoco. A veces te hace un favor excluyéndote del sistema educativo y te obliga a estas escuelas de contexto. Al menos a nosotros nos formó esa escuela, salimos de un lugar tradicional de formación docente con una estructura sobre los aprendizajes pero en realidad aprendimos más con los gurises afuera. Entendiendo que un chico que tiene un aplazo en tal materia, en realidad tiene una cabeza abierta para otras cosas.

“Nosotras hacemos el camino, y después que otro lo siga”. (Foto: Omar Lagraña)

Manuela: Mariana puede contar la experiencia de un alumno que cuando ella empezó a hablar del Big Bang, él le dio una clase a todos los compañeros.

Mariana: Era un chico con un supuesto problema de aprendizaje. De ahí surgió el proyecto de hacer un observatorio en la zona sur… de la necesidad que tenía ese chico, que vivía en un lugar muy precario, de él ser astronauta. Imaginate el pedazo de trayecto que tiene que hacer esa criatura. Después lo planificamos hacer en el Hostal, y el con el plan del observatorio ganamos, sacamos un montón de votos para hacerlo así, pero como no era vinculante no nos dieron bolilla y pusieron un pelotero (Risas). Bueno, esta escuela fue un diseño participativo, fuimos encuadrándonos dentro de lo que es la agroecología y dentro de la agroecología la biodinamia. Lo que pasa en el cielo se refleja en el suelo.

Mariana: Nosotros cuadramos en el concurso de Tagma porque tenemos mucho convenio de colaboración. Todo el trabajo gratuito que hemos venido haciendo, con el ente costanera por ejemplo. Nosotros capacitamos a las cuadrillas para que limpien el humedal sin afectar la flora. Antes lo limpiaban con glifosato, nos cortaban la flora de la desembocadura que eran unas rosas de río, era un crimen. Lo mismo hicimos con el CODESAL, el río deterioró unas tierras allá e íbamos a hacer una zona de amortiguación. Ellos nos necesitaban para asesoramiento.  Y después hicimos un convenio con la Municipalidad por la Feria de Ambiente, que ya va por la 5ta edición. La trajimos nosotros después del primer viaje internacional. La Municipalidad nos sirve la logística, o sea el alojamiento y la estructura de la feria, que son tres días la primera semana de junio, y nosotros aportamos todo lo que es la estructura educativa de una feria, que tiene rango internacional y muchos quieren venir.

Uno de los convenios más importantes que tenemos es con la Facultad de Alimentos, de ahí va surgiendo esto de la agroecología y el proyecto nuevo educativo, que es innovador. Nos damos cuenta de que hay una nueva generación (y la vimos en la ROU) de chicos que no se adaptan al sistema tal cual es, un sistema que excluye. Estos chicos nos enseñan a nosotros los docentes que vayamos cambiando las miradas pedagógicas y de aprendizaje, pero también los sistemas de apropiación del conocimiento. Ahí empieza lo emocionante de enseñar y aprender.

Educación y alimentación

Mariana: Cuando salíamos con los chicos a hacer senderismo veíamos gente buscando comida en la basura, teniendo al lado árboles de mora, de mburucuyá, predadera, frutos comestibles que no los podían identificar como tales. Pudimos ir viendo esto del alimento a través de cómo organizan su comida los países limítrofes: Brasil tiene una relación con la comida muy distinta a la nuestra, tiene un gran componente originario al igual que Paraguay. En Paraguay se enseña el uso medicinal de las plantas, los trabajos de investigación eran por ejemplo “Crema de aromito para tal cosa”. Nosotros tan acostumbrados a que el conocimiento proviene de un sector, en este caso serían las farmacéuticas.

Ahí empezamos a decodificar lo comestible y medicinal de otros países y que nosotros también lo teníamos. Tenemos una concepción del alimento que es el que el mercado nos propone, pero hay todo un otro alimento no hegemónico del cual hacen uso todos los seres vivos, como el tero que está cantando ahí, que no necesita ir a trabajar para conseguir un sueldo para darle de comer a los pichones. Esos somos nosotros, estamos tan degradados como especies que ese pájaro tiene más calidad de ser vivo que nosotros, que tenemos a nuestra población muerta de hambre porque no saben generarse el propio alimento. Son muchísimas las especies que se pueden comer, desde el aromito, el palo borracho, el chalchal. Nosotros decimos “soberanía alimentaria”, pero antes necesitamos libertad. Hay que revincularse con el alimento desde otro lugar, no desde el lugar de consumidor sino de generador del propio alimento. Si logramos ser conscientes de que tenemos que generar nuestros propios alimentos y enseñar a nuestros hijos a generárselo, recién podemos ver algo de libertad alimentaria.

La chaucha de la acacia, que es considerada plaga nacional y que hay plata para combatirla, nos ha dado muchas satisfacciones. La odiábamos primero, después empezamos a quererla y surgieron los primeros trabajos con la Feria de Ciencia. Empezamos nosotras a comerla y subir fotos de panes, entonces nos llamaron para un encuentro del Parlasur. Vinieron los parlamentarios y armamos una mesa solo con comida del agua. Y quedaron así (boca abierta). Una profesora de la facultad enseguida tejió línea para hacer un proyecto con la facultad, porque estaba cansada de investigar solo con arándanos y naranja. Los trayectos de investigación de la facultad llevan bastante tiempo, este lleva 3 años. Estamos en la etapa sensorial… ya investigaron el tipo de proteína que tiene, la humedad, cómo se saca la harina, y ahora tenemos que hacer panes y convidar para ver si a la gente le gusta. Otro proyecto con la facultad es el de rescatar lo que sería el terroir nuestro, entrerriano, con respecto a la levadura del vino. Vieron que acá antes era una zona de viñedo y que por una ley se dejó de plantar, entonces viró la producción para el citrus. Después esa ley se derogó y empezaron algunos emprendimientos. Estamos investigando con una bodega experimental que está haciendo el tránsito agroecológico, también en biodinamia. Veíamos que la dueña del viñedo compraba las levaduras en Francia, imagínense lo que le sale, y no representa para nada al lugar. La combinación del suelo con el clima y de dónde viene la levadura tiene mucho que ver, si es del espacio natural específico en que la planta está absorviendo, eso le da una textura al vino, una cantidad de azúcar específica. En ese momento nosotras estábamos experimentando con levaduras haciendo masas madre con todo. Entonces nuestra idea fue: Si la uva florece en determinada época del año y también fructifica en febrero, hay una floración específica que coincide con la fructificación de la uva. Entonces estas levaduras se pegan a la uva y es la que identifica al terroir. Entonces salió el segundo proyecto que tenemos con la universidad que es el de reemplazar las levaduras nativas para el vino.

La UNER de Alimentos solamente elige 12 proyectos, y los dos nuestros entraron. Están ávidos de ese rescate del alimento no convencional.

Manuela: Hay otro que tiene que ver con enriquecer la harina blanca de trigo con estas harinas alternativas que nosotros hacemos.

Mariana: Las harinas verdes que serían el plus nutricional. Nosotros estamos en crisis alimentaria todos, no es solamente la población vulnerable. El arroz por ejemplo es una caloría vacía, te saca el hambre en el momento y no te aporta. Entonces una harina verde sería un plus nutricional que haría al alimento un poco más real. Y hay una diversidad de nutrientes. Vieron que la nutricionista te dice que le pongas color a la comida, el mercado te los colora de forma artifical. Para ponerle nutrientes reales nosotros le sacamos el verde a las hojas comestibles, sobre todo las silvestres o las no convencionales, como las hojas de la planta de la morera que también es invasora, las semillas y las hojas del palo borracho que tienen además aglutinante, el yantén, el chalchal. Son nutrientes que están frente a nosotros.

Fany: Pienso en la importancia de que el proceso de aprendizaje sea rico, traer esa sensación del paladar al hecho de aprender, lo significativo que es el momento de alimentarnos en comunidad. ¿Cómo influye la alimentación en el hecho de aprender?

El público también participó de la entrevista abierta (Foto: Omar Lagraña)

Mariana: El compartir la comida es empezar a generar otra relación. En los círculos de aprendizaje, la comida se comparte y cada uno pone lo suyo, va haciendo sus aportes con respecto al alimento. El alimento debería ser el eje central, porque es lo que mueve a todos los seres vivos. Si ves a ese pájaro acá es porque está comiendo. Si ves acá a las lombrices y allá a los peces, es porque tienen comida. El tiempo es lo que atraviesa filosóficamente a todos los seres, nos vamos haciendo viejos, pero el alimento es el que posibilita movernos. Es central en todas las experiencias. Y a través de la comida uno tiene una posición política. O das de comer en la escuela y vas a ver reticencias, porque “los chicos tienen que comer en la casa y todo lo demás”, o hacés de la comida una experiencia de aprendizaje.

Fany: Parece que hay un proyecto general en relación a qué nos ofrece el mercado para comer que hace que las personas estemos mal alimentadas. Eso a su vez dificulta que podamos salir de esa ignorancia en la que vivimos, porque no tenemos energía para salir de ahí. Lo que ustedes están proponiendo son salidas, otros lugares, y eso es lo inspirador.

Mariana: Son puntos de fuga. Es que el sistema es perverso. Aquellos que analizan saben que primero nos quita el tiempo y vos sin el tiempo no podés pensar en otra cosa que no sea el tiempo que tenés para trabajar o estudiar. El tiempo para esa escala que uno asume como meta de desarrollo personal. Tenés que meterte en la escuela, después recibirte, después tener una familia y después trabajar para mantener todo eso que fuiste adquiriendo. Y el tiempo tuyo es cada vez menos. Entonces hay cosas que las hacés más simples… La comida la dejás que la piense otro, o vas y la comprás, porque para eso estudiaste, trabajaste. Uno mismo se dice: “Para esto trabajo”, y va y se compra una docena de empanadas. Pero lo perverso del sistema es que te va alejando de esto tan vital como es el alimento. Todas las familias de todo el planeta que no sea humano, se hacen cargo de su comida. Nosotros no.

Manuela: Tenemos que seguir cultivando esto que nos pasó en la pandemia, que cada quien volvió a su casa, a su cocina, pudo sembrar algo en una maceta, pudo hacer pan. Tenemos que volver aunque sea una vez por semana a hacer comida casera.

La convocatoria de “Futuraíz” fue coordinada por Fany Postan, entrevistadora y redactora de la sección de “bocaaboca” (Foto: Omar Lagraña)

Mariana: Estamos acostumbrado a comprar porque hemos naturalizado el hecho de no tener tiempo, porque la vida de la persona exitosa así es, no tiene tiempo para esas menudencias vitales como es la de comer. Y hemos olvidado ciertos derechos que tenemos nosotros, como por ejemplo al espacio verde. Cada uno de nosotros deberíamos tener un derecho a un espacio verde y que ese espacio verde venga con nosotros. Tener una relación con el alimento en ese espacio verde. Antes las familias lo tenían, su espacio para la lechuga, las aromáticas, el tomate, algo. Cada vez vivimos más alejados de la tierra. El derecho a la comida sin costo la perdimos hace mucho tiempo. Perdimos el agua, ¿porque quién de ustedes toman agua de la canilla?

blico: En Paraná es tan loco que tiramos los residuos cloacales al mismo agua que tomamos.

Mariana: Esa locura también la tenemos acá. (Risas) No es solo en Paraná. Y acá, además, compartimos cloaca de frontera, porque la cloaca de Uruguay no necesita la frontera para cruzar, no tiene pase de aduana, viene sola nomás. Si nosotros somos los que tiramos la cloaca al agua. Y es la forma para que el agua pase a cotizar en la bolsa, justamente porque es un bien que ya no existe libremente. 

Fany: Pensando en la alternativa que proponen de recuperar los saberes, de recuperar elnculo con la comida, de empezar a hablar de vínculos (con la comida pero también con el suelo, con las personas están a nuestro alrededor)… También comprendiendo que ustedes construyen desde el vínculo, como pareja pedagógica y con sus estudiantes… Pregunto ¿cómo nos entendemos comunitariamente?

Mariana: Y ahí estamos, superando esa crisis de individualismo, sobre todo, que fue sembrado y arraigado. En ese individualismo empezar a ampliar lo que es la consciencia, y en esa consciencia la percepción del entorno. Entenderme yo como un ser vivo. Si yo puedo percibir mi entorno y la vinculación que tengo con el entorno de forma interdependiente, recién ahí puedo entender que lo que hace el otro me va a afectar, para bien o para mal. El individualismo está basado en un paradigma que considera la vida y la evolución como una competencia. Ese darwinismo social que nos ha atravesado y nos ha hecho que “cada uno mire su quintita”, y frases así que nos encuentran con que el otro es nuestro enemigo. Pero en realidad hay otras alternativas, los seres humanos o los organismos complejos estamos constituidos de sistemas de cooperación y así es como evolucionamos. Es a través del cooperativismo como hemos podido superar situaciones hostiles. Si nosotros pudiéramos entender que con el otro yo me potencio y evoluciono, sería la única forma de cambiar esta estructura crítica en la que estamos ahora.

Manuela: Nos olvidamos de nuestro yo para ser nosotros. No hay otra manera de trabajar en cooperación.

Público: Quiero llamar la atención sobre un punto, y es la acción propia del individuo de hacer pis y caca en el agua. Para que todos en conjunto los llamemos “desechos cloacales”, primero tenemos que hacer pis y caca en el agua como individuos. Vamos al baño, tiramos nuestros deshechos en el agua y después los juntamos todos y entre todos le decimos así.

Mariana: Él está hablando de los baños secos. Pero bueno, hay situaciones y espacios que lo permiten. El baño seco en un edificio es medio difícil de hacer.

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