25 octubre, 2020
cuidarte es cuidarnos
Camino alalun

Camino alalun

Es más Cielo la Luna que el Cielo,

si una Cordialidad de la Altura

es lo que buscamos”

Macedonio Fernández (1874-1952)

 

Lola lo mira lo está mirando como asoma apenas en el pasto

no quiere apresurarse

perderlo

como al despertar recortes de un sueño

que fueron pegándose hasta mostrarlo

tal como ahora lo está viendo,

como a los anteriores pero aún

no lo tomará en sus manos y sólo observa

sin pestañear pues al más mínimo movimiento

el haz de luz que irá creciendo en diminuto cuerpo

puede desaparecer.

Se acerca de a cortos pasos, medidos, silencios, mira hacia atrás la casa con las luces encendidas y adentro tan lejos, tan ellos, tan todos, tan tanto que no saben ni se enteran ya que tampoco podrían verlo, como no lo hacen con los otros ahora que ya hace frío y será invierno.

Lola lo mira y camina. El pasto húmedo se aplasta y luego levanta esponjoso cuando suelta el pie hacia otro paso. Si estira la mano lo alcanza pues permanece inmóvil, tal vez dormido, o con pereza despertando a la vida como recién nacido que finalmente será.

Sigilosa se inclina por no mover el aire. Sabe que puede escuchar lo más pequeño y flexiona las rodillas cuidando el chasquido de las articulaciones en el silencio de la noche, donde sólo un grillo entre las plantas, contra el muro y su sombra, canta, bajo el galvánico resplandor de la luna más alta, el latir de su corazón y nada más y allí lo ve, lo está mirando, sabe de lo que se trata y no quiere apresurarse y perderlo, pues no sería la primera vez.

Frío el sudor de sus manos tibias. Arriba, las estrellas profundas congelan la respiración cuando en cuclillas voltea hacia atrás otra vez y no extraña el calor de la casa. Él ya alcanza el tamaño de un durazno al levantarlo ahora sí en sus manos, como a los anteriores pero este abre unos ojos redondos y negros con una estrellita de brillo en las pupilas que la fijan y algo le dicen, tal vez soltarse a lo más alto, y se eleva como orbitándole el cuenco de las manos, como dedos que sobre una mesa se arquean y levantan cual araña elástica ensayando terrible, precisa, lanzar su hilo más preciado.

Fríos del cielo que teme por ajenos, Lola levanta su vista y él adivina su temblor pues presiente y oye el engranaje velado de sus pensamientos. Ella sabe que podrían aturdirlo, hacer que se vaya y desaparecer levantándose en la oscuridad trazando un fino arco apenas luminoso alejándolo de sus manos y entonces, incitándolo, agita aún más su pensar.

Mira hacia atrás, última vez, la libera un valor único, inspira profundo y engorda el pecho, suelta fino y sin sonido el aire para verse en esos tiernos ojos como los de un cachorro, camina hasta llegar a las plantas pegadas al muro, donde el grillo canta engulléndose al mundo. La luna grande y firme, a su alcance. Baja la vista a sus manos y él la mira, aprueba y ella acerca entonces su cara abriendo la boca para deslizarlo por la garganta sin asperezas. Cierra los ojos y percibe el calor, la tibieza, la luz llegar al estómago y expandírsele en el cuerpo que, vibrante como una bordona, espera volar, desenrollar el ovillo, extenderse desde sus entrañas y salírsele por la boca, elevarse y trepar la noche, despegar los pies del pasto esponjoso donde se desvanecerá la última huella, levitar por sobre el muro que rodea al mundo y desde lo alto, en su recorrido, ver las luces de la ciudad, las rutas del hombre, todo lo creado, los continentes y los mares, rozando peñascos de asteroides perdidos, al calor de las estrellas, camino alalun..

Hernán Lasque

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