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Corner

Se detienen, la puerta se abre y entran. Riñoneras, cámaras fotográficas mochilitas térmicas. Turistas.

 

La puerta es angosta y de madera como el resto de las puertas en las casas de la cuadra. Vivían en esa cuadra los solteros, en tiempos en los que el pueblo estaba dividido en viviendas para solteros y viviendas para casados. Una puerta, un zaguán que se bifurca en Y (γριεγα), i a cada lado una tira de habitaciones, entremedio un piletón a lo largo previsto para los platos, la ropa e incluso el aseo personal. Una especie de bebedero no vacuno con grifos hoy totalmente oxidados.        

Al pueblo lo habían construido los ingleses /íngl-heses piratas corned beef// alrededor del matadero,  vivían entonces todos sus operarios y toda su jefatura. El personal jerárquico tenía sus casas dispuestas en la parte Este, contra el río, con sus canchas de tenis y de fútbol pues eran ingleses y se sabe que… Las casas para los empleados con familia en el centro del pueblo y las de los sin rango borde oeste. Liebig*.     

Así creado, trazado Pueblo per saecula saeculorum amén alred-hedor del frigorífico, aunque durante muuuchos años lo único que no se envasara allí fuera el muuugido de la vaca no perduraría más (y no menos) que casi ocho décadas. Luego, cuando dejaran de faenarse más de mil quinientos animales por día y el  número empezara a reducirse, los piratas dirían algo así como chau taluego bay, i quienes hasta entonces fueran sus obrerogrumetes pasarían a ser  habitantes olvidados de un pueblo que se volvería fantasma y posterior pieza de museo. Exposición. Casitas iguales por aquí y por allá.  Iguales todas y sin embargo –chánchán chán- esa de puerta más angosta… esa casa y esa puerta y esa gente parada ahí esperando su micro-relato. Vuelve:

 

Lo que escuchan los detiene. Una respiración antojada, algo que desconocen. Indefinible, enigmático. Los atrae. La puerta se abre -la panza del monstruo, el turista siempre quiere estar allí-, una mano cae y cierra.

 

Desde el corner un perro, como hociqueando un beef en el aire, estira el cogote huele a falanges al pedregullo.

 

 

Hernán Lasque

*Liebig, febrero del /16: tapitas gourmet y cabañas de veraneo, flamante menú del río; el propio gobernador querrá la suya en el cardinal Este -faltaba más- frente a la orilla y los bancos de arena; balcón y mesitas de hierro forjado; tres perros de raza y un petiso mañero -tan regio todo-, pata blanca huevos de oro. Que más, quemás-quemás tu viiida,, ñandubay campana ni un humito.  – Bullshit //]

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