“Eran unos carnavales protestones y al poder político de turno le molestaba”

Entrevista a Juan Menoni |

Por Fany Postan |

Hoy en día en Concordia se celebran dos carnavales: uno oficial, desde enero en el corsódromo, y otro popular, los días de feriado de carnaval en el espacio público del centro de la ciudad. Pero no siempre fue así… Juan Menoni, profesor de historia, fotógrafo y murguero de Concordia, y participante de la asamblea autogestiva organizadora de “Momo”, carnaval popular, nos relata la historia del carnaval en Concordia, cuyos registros más antiguos datan de 1895. “En todos lados se ve esa tensión: la intención del poder de prohibirlo, controlarlo o transformarlo en otra cosa y la intención de los sectores populares de que el carnaval sea un lugar de libre expresión”, explicó Juan.

              ¿Qué te acercó a la organización del carnaval popular Momo?

              Para hablar de ese primer carnaval hay que remontarse a la historia del carnaval de Concordia. Tengo un recuerdo hermoso de los carnavales cuando era pibe. Yo nací en el ´64. Del ´67 o el ´68, 4 o 5 años tenía yo, recuerdo el primer carnaval. Un carnaval que se hacía en la calle Entre Ríos y que era muy heterogéneo en todos los sentidos: en la participación del público, que era socialmente muy heterogéneo, y también en las expresiones de carnaval. Había unas primeras comparsas al estilo de las comparsas de Gualeguaychú y Corrientes, por extensión del carnaval brasilero. Había murga al estilo porteño y al estilo uruguayo, y también agrupaciones de carnaval que no eran ni murga porteña ni murga uruguaya, era más bien un subgénero que podríamos llamar “murga concordiense”. Me acuerdo, por ejemplo, de una agrupación que se llamaba Los Troveros, que iban con guitarras criollas y cantando todo el desfile, vestidos con unos sombreros grandes y unas capas. También estaban Los Norteños, e imagino que competían entre ellos, porque eran más o menos del mismo estilo. Después había otro grupo que se llamaba Los Divertidos, que iban con unos tamboriles y tocaban este ritmo (tatatata tata, golpea en la mesa), todo el corso de punta a punta. Y el corso era en Entre Ríos a la altura de la plaza principal a Plaza Urquiza, doblaba en calle Mitre y llegaba a la Municipalidad, ese era el recorrido. Me acuerdo del toro del corso, los cabezones, las mascaritas sueltas… Tengo el recuerdo de mi niñez de que era abierto, las fronteras entre la calle, el desfile y el público eran muy endebles. Después de que pasaba cada una de estas agrupaciones, los gurisitos nos bajábamos, corríamos, nos tirábamos con lanzanieves, con agua perfumada, con agua. Lo único que se pagaban eran unos palcos, que había dos o tres por cuadra y ahí sí, la familia lo alquilaba. Eran tipo palcos de circo donde entraba una familia sentada. Pero era lo único que se pagaba, después era gratis, abierto, de libre participación. Y también la participación como protagonista en el corso era gratis. Imagino que por cuestiones organizativas las murgas se inscribían y había alguna competencia, pero no había un reglamento estricto. Y si uno quería disfrazarse, salir y no inscribirse o no participar de la competencia podía hacerlo. Entonces ese era el recuerdo que yo tenía del corso de cuando era pibe. Eso por un lado. Por otro lado, a mí lo que me acerca al carnaval es mi postura ideológica y política, porque yo entiendo que hay dos expresiones del arte. Un arte como mercancía que se compra y se vende, antes en las disquerías y ahora a través de internet. Y hay otra expresión del arte que es una forma del pueblo de expresar sus alegrías y sus pesares, y una forma de protesta. Y entendía yo que esos carnavales de cuando yo era pibe tenían más que ver con esta forma de expresarse del pueblo, de divertirnos por dos o tres días, ser felices en la calle, juntarnos con los demás y poder cuestionar, criticar, protestar, expresarnos a través del carnaval.

              ¿Cómo empieza tu investigación sobre la historia del carnaval popular?

              Por mi condición de profesor de historia, yo quería saber de donde venía todo eso. Ahí fue que empecé a indagar personalmente y desde el Profesorado de Ciencias Sociales. Tuve la oportunidad de acompañar a un grupo de estudiantes que se puso a investigar sobre la historia del carnaval y empezamos a encontrar que el carnaval de Concordia tenía una historia muy anterior a ese recuerdo que yo tenía. Por otra parte, a mediados de los noventa empecé a formar parte de una murga histórica de Concordia que era la TTB (Tururú Tinto Band), fue una de las murgas que participó del carnaval popular del 2003. Con las compañeras y compañeros de la murga de ese momento empezamos a indagar, porque la TTB hacía el estilo de murga concordiense, que no era ni porteña ni uruguaya. Encontramos una murga anterior a que se llamaba los Sunga Sunga de la Zona Sur, que entendíamos que era el antecedente inmediato. Empezamos a rascar y esos integrantes de la Sunga Sunga a su vez habían estado en otras murgas anteriores, y descubrimos que venían de la década del ´60 y mucho antes incluso.

Los Sunga Sunga a principios de ls 90s

              El Bocha Iriarte, que era el director de la TTB, tenía a su papá que había sido murguero de la década del ´40. Rastreando rastreando, encontramos que había un relato, que yo además me lo acordaba de haberlo leído en la escuela secundaria, de Horacio Quiroga, el escritor uruguayo, que vivía en Salto y se ve que venía con frecuencia a Concordia… En Cuentos de amor, de locura y de muerte, en el primer cuento llamado “Una estación de amor”, relata una historia de amor y desamor, encuentro y desencuentro que transcurre en los carnavales de Concordia. Y ahí se pueden ver varias cuestiones respecto del carnaval. El cuento es de 1917 y lo habrá escrito dos años después del suceso.

              (Juan lee un fragmento del cuento): “Mientras continuó el corso, y en Concordia se prolonga hasta horas increíbles, Nébel tendió incesantemente su brazo hacia adelante, tan bien, que el puño de su camisa, desprendido, bailaba sobre la mano.” Ahí Quiroga lo menciona a Nébel, que era el que le da origen al Saladero y al barrio Nébel. Esa familia era dueña de un saladero, y el barrio Nébel es un barrio inminentemente murguero. Hasta Atanacio Bonfiglio, que es el que le da nombre al corsódromo, era un señor que portaba el estandarte en una de estas murgas de los 60s y 70s. Eso también es interesante porque pone en evidencia que hay matices. Fijate que el carnaval oficial reivindica en el nombre del corsódromo un murguero de esos tiempos. Quiroga cuenta ahí que en los carnavales había carruajes, menciona apellidos de gente “reconocida socialmente” de Concordia… Y también habla de una multitud, cuenta que llegaban barcos de distintos lugares del país a visitar Concordia, a ver el carnaval, da cuenta de que era un carnaval multitudinario, lo que implica que también participaban los sectores populares, un carnaval abierto, gratuito, y muy reconocido… Entonces empezamos a descubrir que el carnaval de Concordia al menos había sido esplendoroso a principios del siglo XX. Seguimos rastreando y encontramos que ya a fines del siglo ´19 había carnavales en Concordia. Encontramos un decreto municipal de 1895 del Departamento Ejecutivo Municipal de Concordia, en el archivo municipal entre papeles de la Municipalidad (no es formalmente un archivo sino una oficina donde había unos decretos guardados). En su artículo 7 dice: “Se prohíbe hacer uso para el disfraz de uniformes militares, hábitos religiosos y trajes que ofendan la moral y las buenas costumbres”. Son tres renglones pero se desprenden de ahí un montón de cosas: que en los carnavales la gente se disfrazaba, se burlaba quizás o deliberadamente protestaba contra los poderes, contra lo más rancio de los poderes en todo caso, el poder militar y de la iglesia católica, que era mayoritaria en esos momentos. Que eran unos carnavales protestones y que al poder político de turno le molestaba, al punto tal que prohibía ciertas prácticas. El carnaval es eso desde sus orígenes. En la antigua Roma había una tensión permanente entre el poder que quiere cooptarlo, controlarlo, prohibirlo, y las expresiones populares que a través del carnaval ponen en evidencia sus necesidades, su presencia, su interés. Esto se ve en el siglo XIX en la época de Rosas, se puede ver con los orígenes del candombe que tiene que ver con los negros y negras traídos desde el África como esclavos, se ve en los carnavales europeos que después dan origen a la murga o en el carnaval veneciano. En todos lados se ve esa tensión: la intención del poder de prohibirlo, controlarlo o transformarlo en otra cosa y la intención de los sectores populares de que el carnaval sea un lugar de libre expresión.

              ¿Qué ocurre con el carnaval en las dictaduras?

              En Concordia hay un correlato entre las características de los gobiernos de turno y lo que pasa con el carnaval. Durante el gobierno de Yrigoyen, entre 1916 y la década del ´30, son esos primeros carnavales esplendorosos. Después, con la dictadura del ´30 esos carnavales decaen. No sé si en esa dictadura se prohíben, pero claramente decaen. En el ´45, con el gobierno peronista hay un reconocimiento del carnaval. En los ´60 con la dictadura de Onganía no se llegan a prohibir pero se acotan o están fuertemente controlados. Fines de los ´60 y principios de los ´70 resurgen, y en el ´76 no sólo se prohíben categóricamente los carnavales sino que además se elimina el feriado de carnaval. Y que esto también se va a ligar a los orígenes del carnaval popular – Momo – y este primer desfile del 2003.

              Lo otro que hace decaer a los carnavales son las crisis económicas. En esos períodos de aparente esplendor económico en la década de los 90s, a costa de un brutal ajuste y un desentendimiento de las responsabilidades del Estado, el proceso de privatizaciones y vaciamiento del Estado… en ese contexto el entonces intendente de Concordia Juan Carlos Cresto, por el año ´98, establece dos cuestiones por decreto municipal que son claves para entender cómo surge el carnaval oficial actual y cómo surge como respuesta el carnaval popular. Lo primero es trasladar el carnaval, que en ese momento se estaba haciendo nuevamente en la calle Entre Ríos después de muchas idas y venidas. Se traslada que hoy es Gobernador Cresto, después a las inmediaciones del corsódromo y después al corsódromo. Lo segundo es crear el “Carnaval de los pequeños duendes”, con la clara intención de que haya una división formativa, como en el deporte, para lo que va a ser el carnaval oficial. Mucho de esos pibes de los pequeños duendes son los que ahora salen en las comparsas de mayores. Y empiezan a surgir las actuales comparsas. Ráfaga, por ejemplo, que es del ´98, fue una de las primeras de las que ahora participan. Una nota que aparece en el diario El Sol, de Laura Martínez Paz, que era la esposa de Cresto y la presidenta de la Comisión del Carnaval, dice que ese traslado y ese carnaval de los Pequeños Duendes obedecen a la intención de mejorar la calidad del carnaval. ¿Cómo se lee esto de mejorar la calidad del carnaval? Entre otras cosas, quitarle al carnaval todo aquello que pueda molestar: pobres y la diversidad de género. “Si hay pobres que no se noten”. Y la diversidad de género, que ya molestaba a muchos, por algo que tiene que ver con estos carnavales de los ´80. Entonces lo trasladan a esa zona con la clara intención de transformarlo en un espectáculo y por consiguiente en un producto comercial y turístico, que es lo que actualmente es el carnaval oficial.

              ¿Podrías ampliar lo que ocurre con el carnaval en el regreso a la democracia y la participación de la diversidad de género en esa época?

              Esa es una parte de la historia que no debemos olvidar. Cuando vuelve la democracia el carnaval se empieza a organizar en la Avenida Tavella, con una particularidad que es para mí muy importante para la historia del carnaval: empiezan a participar del carnaval con una presencia muy fuerte las mujeres trans. Esto genera por un lado toda una corriente de simpatía de quienes adherimos a la diversidad y al respeto de esa diversidad, para las chicas muy importante porque incluso mucha de esas chicas durante el día se vestían de varones y se travestían para el carnaval. Muchas de ellas contaban que podían ser ellas a lo mejor una vez al año, porque el resto del año se vestían de mujer para prostituirse a la noche y de día se tenían que vestir de varones para ir a trabajar en otra cosa o para convivir en el barrio. Todo eso que sabemos que han vivido por muchos años las mujeres trans… Y en el carnaval podían ser ellas. Y esto que a muchos nos generaba simpatía, que nos ponía contentos, contentas, a otra gente le molestaba. “El carnaval de los trolos”, decían, “de los travas”. “¿Qué voy a ir al carnaval si está lleno de putos?” Esas eran las expresiones de algunos de mis amigos en los ochenta, cuando yo era adolescente. Y eso es lo que decían muchos pibes y pibas de un enorme y brutal prejuicio. A partir de ahí el carnaval empieza a molestarle al establishment y es permanentemente desplazado de la Avenida Tavella. Pasa a la calle Las Heras y se traen muchas comparsas de Gualeguaychú y Corrientes con la intención de darle otro carácter. Se empieza a cobrar cuando vienen esas comparsas. Los pibes de esa época iban con la intención de ver “minas en bolas”, porque así lo decían. Ese concepto del carnaval se empieza a instalar muy fuertemente. Después por quejas de los vecinos se vuelve a trasladar a la zona de la Costanera hasta que en algún momento vuelve a calle Entre Ríos y ahí es donde se engancha con esa parte que te contaba que por decreto municipal se traslada a lo que ahora es Gobernador Cresto y al corsódromo.

              ¿Cómo se despega el carnaval popular de ese movimiento oficializante por parte del gobierno?

              No planteamos el carnaval popular versus el oficial. Lo que sí entendíamos en ese momento es que la TTB no tenía lugar en ese carnaval oficial porque no encuadraba dentro del reglamento, ya que no es una comparsa. Pero además porque nosotros queríamos tocar gratis, y en el carnaval oficial a la gente le cobran para entrar. Entonces con la TTB empezamos a salir lunes y martes del carnaval ahí en la zona de la Plaza Urquiza, y empezaron a aparecer otras murgas y agrupaciones de carnaval que habían surgido en esa época quizás como una sana respuesta a todo lo que estaba sucediendo social y políticamente en los ´90. Me acuerdo de los Galanes de la Cantera, por ejemplo, que era una murga al estilo porteño, surgida de acá de esta zona donde está la Plaza del Boxeador. Ahí ensayaban Andrés Gauna y Gabriela Miggoni, que son algunos de los que impulsaron esa murga. Estaban Los del Andén que era una típica murga uruguaya; otra que se llamaba Va queriendo, de la zona de la Plaza Urquiza; la Santa Murga que ahora cumple 20 años, del Almirante Brown; una agrupación de percusión que se llamaba Makimbara Cumbera; otra integrada mayoritariamente por chicas, que era todo un avance en aquel momento en la década de los ´90, porque el carnaval como toda otra expresión estuvo mucho tiempo impregnada de machismo. Se había generado todo esto y nosotros lo que veíamos era que todas esas expresiones de carnaval no tenían lugar en ese carnaval oficial. Y que por otro lado había mucha gente como nosotros que añoraba aquel otro carnaval, por un lado en ese lugar físico del centro, donde iban los sectores populares a ver y a participar del carnaval. No compartimos esa idea de que el carnaval se saque del centro porque el centro es patrimonio de los que viven en el centro. El centro es un lugar público donde está el Centro Cívico, donde hay muchos espacios públicos que son de todes, no solamente de quienes habitan ese lugar. Entonces empezamos a apropiarnos nuevamente de ese carnaval y de ese espacio físico, primero de una manera medio anárquica. En el 2001 y 2002 se hicieron esos carnavales pero cada una de las murgas espontáneamente iba y tocaba de un punto a otro, y en el 2003 decidimos, entre todas las agrupaciones que en ese momento andábamos dando vueltas, algunas que recién empezaban, otras que estaban a punto de separarse, algunas que tuvieron una existencia muy efímera y otras que siguen estando… Decidimos conformarnos en una asamblea autogestiva para organizar el carnaval popular al que llamamos MOMO. Esto tiene que ver además con la historia del 2001 y el surgimiento de las asambleas. Yo había redactado por pedido de los compañeres de la TTB un borrador de estatuto que después lo pusimos a consideración de todas las agrupaciones. Nos reunimos en el bar de Scatone, que era un bar tradicional de Concordia en zona céntrica, en una esquina de calle Sarmiento. Un bar muy antiguo y muy clásico. Decidimos ahí aprobar el estatuto de Momo que aún sigue vigente, con algunos agregados.

              A lo largo de los años se le agregaron las cuestiones de género, el principio de “Carnaval sin violencia” y el principio de Equidad de Género, el cupo femenino en la participación en el carnaval. El resto de principios políticos e ideológicos de Momo están desde aquel momento: un carnaval gratuito, diverso, del que todes podamos participar, un carnaval que rescate la historia genuina del carnaval de Concordia, un carnaval que se vincule con el resto de los carnavales, y un carnaval que pelee por la recuperación del feriado de carnaval. Esto último se logra después en el 2010. Momo surge 7 años antes de que a nivel nacional se recuperen los feriados de carnaval. Ahí se hace el primer desfile de carnaval y al poco tiempo se instalan el lunes como día de tablado y el martes de desfile.

              ¿De dónde viene esta configuración de los lunes de tablado y martes de desfile?

              Tiene que ver con que la murga porteña, uruguaya y la mayoría de expresiones murgueras del Río de la Plata tienen claramente dos vertientes: la expresión de tablado y el desfile. La murga uruguaya, por ejemplo, es una murga eminentemente de tablado. La porteña es una murga más de calle pero tiene también su expresión de tablado. Viene de Cádiz y de Cádiz a Montevideo, una agrupación de Zarzuela que queda varada en el puerto de Montevideo y empieza a hacer espectáculos callejeros y de ahí surge la murga rioplatense.

              Cuando uno empieza a ir más atrás incluso, a preguntarse de dónde vienen esos carnavales de Concordia, da cuenta de que vienen de dos vertientes: inmigrantes pobres que llegan a Montevideo de España y quedan varados, y de los esclavos negros de los cuales surge el candombe. Y hay otras expresiones, como el carnaval del noroeste argentino que también es muy potente y tiene que ver con el sincretismo entre lo que imponen los españoles con la invasión, que viene de ese carnaval español y el de Venecia en Italia, que se sincretizan con las fiestas populares de los pueblos originarios. Después hay otra vertiente que viene con los esclavos a Brasil que se sincretiza también con los pueblos originarios de esa zona y con los carnavales traídos por los portugueses también de Europa, de los cuales surge la Escola do Samba, el samba como género y el carnaval brasilero con todo ese esplendor que tiene hoy. Ese carnaval brasilero se extiende, se contagia a Corrientes, de Corrientes a Entre Ríos y surge ahí esta otra vertiente que es la comparsa como expresión del carnaval. En esos carnavales de los 60s había comparsas también que eran Fan Fan, Arlequín y Caburé, que son las primeras comparsas del estilo de las que ahora aparecen en el corsódromo pero que convivían con las murgas porteñas, uruguayas, mascaritas sueltas, agrupaciones de carnaval. Además, eso que nosotros llamamos agrupaciones de carnaval tenían una particularidad. ¿Viste que ahora las comparsas tienen alas donde todos van vestidos uniformemente? En aquel momento se elegía una vestimenta, estaban por ejemplo los aguateros, entonces todos se vestían de aguateros pero cada uno se disfrazaba como quería o como podía, entonces los disfraces eran en algún sentido uniformes pero en otro sentido muy diversos. Era muy loco ver todo eso como espectáculo. Ahora se tiende a una uniformidad por cumplir el reglamento.

Los negros aguateros

              También el carnaval de Concordia tuvo esa variedad, porque otra cosa que caracterizaba ese primer carnaval del siglo ´XX son los espectáculos de carnaval en los bailes de los clubes, algunos de los cuales eran muy populares también: orquestas, conjuntos, o bandas como le llaman ahora, que tocaban en los clubes. Por eso decidimos recuperar las dos vertientes: el tablado el día lunes donde no sólo tocan murgas o agrupaciones de carnaval sino también bandas de rock, folclóricas y otros géneros, y el martes el desfile. Que debería ser de la plaza Urquiza a la Plaza 25 por Entre Ríos. El tema es que en el medio de esos carnavales de los ´60 y estos, se construye la peatonal y se trasforma en un obstáculo, sobre todo para algunas expresiones. Por ejemplo, en esos primeros desfiles había agrupaciones que llevaban auto con bafle para poner música, y eso no se podía hacer por la peatonal. Las de candombe se tenían que compactar para pasar por esa parte. Entonces decidimos recuperar el recorrido pero por la calle Urquiza. De ese primer desfile quedaron unas imágenes que las filmó una compañera que siempre estuvo cerca de un colectivo del que formo parte, “Producciones del Sur del Sur“, con el Seba Pittavino y otros compañeres con los que realizamos producciones audiovisuales de distinto tipo y tenemos la obsesión de registrar cada vez que hay algo que nos parece que valga la pena registrar. Y a veces lo guardamos. De aquel carnaval del 2003, Fabiola Dirié había filmado y nos había dado las imágenes en un VHS. Estuvo acá guardado 19 años y este año lo encontramos y nos pareció que como testimonio tenía la madurez suficiente para ser rescatado. Lo remasterizamos, lo editamos y lo publicamos en Youtube para verlo.

              Hay particularidades que traes de los dos carnavales, y pienso que en Momo, al ser un carnaval menos reglado, donde no existe tal competitividad y todas las normas que ponen para competir, se puede rescatar más la expresión personal y eso tiene que ver con lo popular. Muy distinto es cuando hay una bajada de línea en lo estético, impuesta por un reglamento.

              Si, y a veces esos reglamentos se van enquilosando, se van poniendo viejos con el tiempo, porque los intereses que hay detrás de las competencias son muy poderosos. No olvidemos que detrás del carnaval oficial se maneja mucha mucha guita, mucha guita que ingresa al municipio, que sale previamente del municipio, mucha guita de toda la industria comercial y turística que gira en torno, y la guita que pone la gente para ir, porque es multitudinario. Eso hace que el reglamento sea muy rígido y estricto, deje a un montón de gente afuera y además lo vuelva rutinario. A mí también me parece que el reglamento estricto en la fiesta de los estudiantes, por ejemplo, le condicionó la creatividad a les pibes. Eso de que las carrozas sean siempre con el mismo tipo de flores, fue haciendo que uno vuelva 20 años después a la fiesta y las carrozas sigan siendo iguales. Me parece que la competencia de carnaval uruguayo también lo condicionó mucho. La murga Falta y Resto dejó de participar del carnaval montevideano entre otras cosas porque el reglamento impedía la participación de mujeres, porque estaba reglamentado el tipo de voces y la voz de la mujer no encuadraba. Claro que en Momo tenemos normas, hay un estatuto que rige su funcionamiento. Claro que para el tablado del lunes hay una organización, pero hay todo otro margen para la expresión libre que es lo que queremos conservar. Está bueno que haya criterios claros, pero que sean lo más inclusivos posibles y le den a la gente la mayor libertad. Otra cosa que está muy clara en el carnaval oficial es que hay unos protagonistas que son los que van por la manga y unos espectadores que están detrás de la cerca. En el carnaval popular, si bien hay quienes van a mirar y quienes vamos a participar, disfrazarnos y tocar, los límites son efímeros. Podés estar un rato como espectador y un rato salir en una murga tocando, o ponerte una careta y salir, o caminar al lado de una de las agrupaciones de carnaval e ir bailando, eso lo permite el carnaval popular que el oficial no lo permite. Me gusta verlo en el teatro cuando se rompe esa dimensión de la cuarta pared, me gusta verlo en el cine cuando de alguna manera uno siente que se puede meter dentro de la película, me gusta en la radio cuando se interactúa con los oyentes, me gusta que se rompan esos límites entre el emisor y el receptor. Y en el carnaval oficial eso no pasa.

              En el carnaval oficial hay una tendencia muy fuerte a poner a la mujer cosificada, como eje. Yo sé que alguien que defiende el carnaval oficial me va a decir que hay diversidad de género, que hay chicas que no tienen cuerpos hegemónicos. Es cierto. Pero también es cierto que lo que predomina es la concepción estética de la belleza convencional y esa idea del cuerpo hegemónico… el cuerpo que nos venden en las publicidades de los medios, y demás, está claro que eso es lo que predomina, y que muchas chicas se matan unos meses antes del carnaval para lograr esa silueta para salir en la comparsa. Está claro que ese valor, disvalor, sigue estando muy presente. Y que muchos varones, héteros, van al carnaval a consumir eso.

              Si bien en la expresión pública hay ciertas cosas que ya no se ven, no se aceptan, porque está más instalado el discurso del cuidado del feminismo, dentro de las agrupaciones que participamos del carnaval popular se siguen filtrando ese tipo de concepciones, del cuerpo de la mujer como objeto de consumo. Sobre todo en los tratos, en lo vincular más íntimo.

              Seguro… nadie escapa de eso. Y por eso en el carnaval somos muy celosos de cuidar el marco de no violencia y equidad de género. El machismo nos atraviesa culturalmente a todes. Cuando empezamos con la murga por lo general los varones tocábamos percusión y las chicas bailaban. Después se empezó a romper con eso, que las chicas toquen el tambor, que canten y que por ahí algunos varones bailen… Pero sigue habiendo agrupaciones de carnaval de estas que participan en el carnaval popular donde hay un fuerte predominio de varones. Tenemos que deconstruirnos día a día todes.

              Contame sobre el proyecto que llevan adelante con Sebastián Pittavino para recuperar fotos de los carnavales.

              Con el Pitta somos fotógrafos y todos los carnavales, cuando podemos o cuando no nos ganan las ganas de disfrutar el carnaval, también disfrutamos sacando fotos o registrando con una cámara de video. Justamente por esta inquietud de registrar, nos han empezado a llegar fotos. Y descubrimos que en la memoria y en el archivo colectivo de la gente hay mucho, mucho registro. Fotos muy buena calidad, con un criterio artístico, que están dispersas. Entonces desde hace unos años, sobre todo el Pitta, se encarga de recepcionar esas fotos y cuando tenemos unos mangos las imprimimos en formatos más grandes. Hay una muestra colectiva itinerante que todos los años se instala en la Plaza Urquiza y que está en permanente construcción.

              Cuando uno empieza a dar en la memoria colectiva de Concordia y en los testimonios orales que son muy importantes para quienes estamos vinculados a la Historia, en la memoria de la gente de más de 50 años aparece recurrentemente en el recuerdo de los carnavales el ferrocarril. Todes nosotros cuando éramos pibes transitamos un tren. Yo aprendí a caminar arriba de un tren. Y viví toda mi vida cerca de una vía. Y el otro protagonista es el río, obviamente. Y dentro del río, las inundaciones. Y las inundaciones, y esto se vincula al registro fotográfico, arrasaban con todo. Muchos de los carnavaleros de la década del ´60 y anteriores vivían en la zona del Nébel o acá en la Zona Sur, y cuando venía una inundación la gente intentaba salvar la heladera, el televisor quien lo tenía, la cocina, y la cajita con las fotos se iba con la inundación. Entonces hay muy pocos registros. Y esto se vinculaba con la historia de la foto del papá del Vocha. En la década de los ´90 voy a un encuentro de teatro llamado “A todo teatro”, en Colón. Se acerca un murguero de allá y me dice “Che, yo tengo una foto que quiero que se la lleves a un compañero tuyo de allá de Concordia”, y me da una foto. Era para el Vocha. Cuando la traigo y se la doy, el Vocha se larga a llorar: era una foto del padre, él no tenía ninguna foto del padre. Porque vivía acá en esta zona y antes de la defensa se inundaba. Esa foto del padre vestido de murguero llegó por ese camino. Ese valor que tiene para algunes recuperar las fotos a nosotros nos pareció re importante. Por eso con el Pitta y otres nos largamos a hacer esta recuperación del testimonio fotográfico. Hay mucha gente que se vuelve a reencontrar con ellos mismos o con sus familiares a través de esas fotos.

Foto de Rafael Iriarte en la década del 50

              Una foto te puede llevar a un momento histórico y ampliar la experiencia. En otro momento fue así y eso trae una posibilidad de lo que puede ser. Es lo que pasó con el video del 2003. En todos los sentidos está bueno conocer la historia. Uno a través de la historia descubre como siempre se impusieron los intereses de un sector de la sociedad y como siempre hubo gente que luchaba por otras cosas, por una sociedad diferente. Y descubre esto de que no todo tiempo pasado fue mejor pero que también hubieron cosas re piolas que se pueden rescatar. La historia sirve para eso en definitiva. Si sirviera para estudiar de memoria nombres y fechas, no sirve para nada. Si la historia no es una herramienta para entender de dónde venimos y transformar la realidad, no sirve para nada.

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