Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. 20 Años (Crónica: Diego Giménez - Fotografía: Martín Novoa)
Avanza la tarde en La Plata y se avecina una noche histórica. Es un domingo raro, al día siguiente es feriado y el clima festivo se mixtura con un tinte melancólico que se traduce en el cielo tornasolado del atardecer.
Todavía no son las 7 y ya se corean las plegarias ricoteras. El folklore rocanrolero que supo acompañar a esta celebración argenta por todo el país, se despliega ahora en los alrededores del Estadio Único en todo su esplendor: birra fría, remera, chori, pancho, bandera, ferné, mucho pelado impreso en tela y en piel, mucho sudor, botella recortada y espera para la fiesta que está por venir.
En un puestito de tragos se corean canciones junto a un pequeño parlante desconado y en un momento se hace un anuncio rimbombante: aparece un pelado bastante petiso pero con una camisa a cuadros y de gafas negras. El público lo venera como al mismísimo Solari. El personaje empuña el pequeño micrófono y encabeza un improvisado karaoke que desata aún más las pasiones, a puro canto y revoleo de remera.
En el medio de la calle está extendida una bandera con los colores de Argentina y un grupo de niños la usa para hacer una seguidilla de vueltas cambota, coronadas con baile y algarabía.
Cae la noche y el gran momento se aproxima, el cielo se deshace en su paleta de rosados, ocres y turquesas para dar paso a una velada con sabor a despedida.
El comienzo es inminente y el público mata la ansiedad coreando que la patria no se vende e invitando a saltar a los buenos votantes.
Un rato antes de las 10 se encienden las luces del escenario y sin presentación alguna suena el riff de Un par de fantasmas. La mano del bravo muchachito Solari ya se deja ver en el armado de esta lista de canciones, que tira en el estribillo de arranque: Éste es tu último show y estás tan ciego. Luego va a venir Todo preso es político en la voz de Gaspar Benegas para que el público explote.
Si bien desde un principio resulta impactante la pantalla curva con cinco cuerpos que excede largamente el escenario, su entrada magistral se realiza promediando el quinto tema, Nike es la cultura, con las imponentes gráficas que acompañarán a todo el espectáculo y que en esta canción muestran a un joven fugitivo que escapa de las corporaciones. Todo esto, coronado por el ingreso de la voz de Solari que empieza a sonar, como lo hará en un puñado de canciones a lo largo del recital. Otro hito visual llegará con Amnesia que muestra una silueta humana atravesada por un verdadero aguacero.
La lista tomará después un momento de calma con Canción para un Goldfish, mientras un avión desfila por las pantallas. Y Maldición va a ser un día hermoso volverá a encender al estadio en la voz de Deborah Dixon.
Si bien el clima no es el de un cumpleañito, Los Fundamentalistas celebran con este recital sus veinte años de trayectoria y actualmente son Gaspar Benegas (voz y guitarra), Baltasar Comotto (voz y guitarra), Pablo Sbaraglia (voz, teclados y guitarra), Fernando Nalé (voz y bajo), Deborah Dixon (coros), Luciana Palacios (coros), Sergio Colombo (voz y saxo), Miguel Angel Tallarita (trompeta) y Ramiro López Naguil (batería). La banda le hace honor a este experimentado camino con una sólida pared musical y la versatilidad de todos sus músicos/cantantes. Allí se recuesta el Indio para hacer una nueva entrada espectral y entonar Tarea Fina desde la pantalla. Carlos se muestra tocando en Luzbola con su banda. Y el público -entre extasiado y perplejo- baja la espuma y se abre un canal de comunicación que alternará emoción y melancolía en las apariciones virtuales de este prolífico poeta que ha llenado de versos la historia de nuestro rock.
Los que fuimos adolescentes en los 90 y hoy merodeamos los 50 pirulos supimos aferrarnos a un puñado de canciones que Patricio Rey nos dio como armas para campear aquella tormenta. Hoy el Indio deja aún más poesía para que la juventud pueda hacerle frente a esta debacle.
Una de aquellas canciones que nos hizo vibrar a los más veteranos fue Mi genio amor, canción inédita de los 80 que precedió a uno de los momentos más conmovedores que llegó con la exquisita versión de Pool, Averna y Papusa, pre-grabada desde los estudios Luzbola con un Solari versión pirata que nos advierte sobre las futuras modas.
Pasan las canciones y no solo el despliegue técnico impacta, ya que cada letra, cada acorde, desata un vendaval de imágenes hacia lo más profundo de quienes miramos. En los recitales del Indio la procesión no es solo física para llegar el encuentro, la procesión también va por dentro. Cada quien con su mundo interno desatado y -a la vez- la comunión con quienes lo rodean: grupos de amigos, padres con sus hijos, parejas enamoradas; todo sintetizado en un abrazo, en un salto común que nos aúna con la fuerza del ritual.
Por lo pronto, promedia el recital, la luna se asoma por el techo del Estadio Único a ver qué pasa y hay Ceremonias durante la tormenta. Un vendaval se desata desde las pantallas con dos ojos de buey en los lados que muestran olas que parecen volcarse sobre el público. El despliegue escénico no tiene nada que envidiarle a los espectáculos de nivel internacional que pululan en efectos especiales. Aquí no hay excesos, todo está usado en función de enriquecer la expresión artística.
La inteligencia artificial hace su presencia en Encuentro con un Ángel Amateur, donde un elegante Solari se lamenta porque ya no podrá cumplir hazañas que prometió, pero nos consuela con su compromiso: Solo seguir cantando. Mientras tanto, un desfile de fotos y videos pasa por la pantalla recorriendo momentos de la vida del cantante.
En una entrevista publicada días atrás, el Indio dijo: Soy un amateur, amo lo que hago y me va bien, mejor que en mi relación con dios, que me está cagando a patadas en el culo.
El artista se caga de risa de su providencia y empuña su espada de guerrero a través de las canciones que van llevando el recital hacia sus últimos giros. Y no dejará escapar la oportunidad de jugar a que estoy con ustedes ahí y saludar al público a través de un video que lo muestra sin filtros y agradecido: los quiero mucho, los respeto como público, son de los mejores públicos del planeta, les mando un abrazo a todos y les agradezco mucho, chau.
El puño en alto del Indio se hace uno con el nudo en la garganta que solo podremos desatar con la frescura de Flight 956 y el coreo: Parece que en el final, no me saldré con la mía, mi amor.
Alquimista de oscuridades, Solari nos transporta en este vuelo hacia el final del viaje que nos arrojará a Ji Ji Ji y su marea humana, la catarsis colectiva, el grito, la fuerza, los fuegos de artificio que le pondrán broche a esta noche de gualicho, este ritual del que ahora nos retiramos en calma, sintiendo que las despedidas son esos dolores dulces.
Crónica: Diego Giménez
Fotografía: Martín Novoa
09/12/2025
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