
Me detuve a oler los frutos esos que crecían en la enredadera y vi que tenía las zapatillas desatadas. Pregunté en voz alta si recordaríamos esto alguna vez.
Ella no dijo nada, pero sentí una punzada de reproche en su silencio. Le disgustaban muchas cosas mías.
Era que estábamos enamoradas y no sabíamos qué hacer con eso.
Después pasaron muchas cosas; la noche después de Lo De Roberto; Almagro; la droga; el autoestima; un viaje en lancha; robé un vestido; nos quedamos calladas.
…
Con el tiempo nos escribimos.
En medio de nuestros correos ella admite que aquella vez que no dijo nada, hubiese preferido que yo también guardara silencio “es como si sabías algo de lo que iba a pasar, entonces”.
No contesté nada y admití que ella y yo recordábamos esa intrascendencia de tarde caminando por La Boca; recordábamos que ella llevaba su bicicleta; que Nacho todavía estaba vivo; que yo frené a atarme los cordones y mientras
aproveché para oler las flores.
Sibila
06/09/2020
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