Concordia produce cultura “a pesar de…”

| Entrevista a Nacho Monná | por Fany Postan

              Ignacio (Nacho) Monná es actor, cantante, bailarín, docente y gestor cultural de Concordia. Nos encontramos en uno de sus viajes semanales a la ciudad y nos abrió sus sentires, reflexiones y deseos en tanto artista local, que  encontró en Concordia la semilla de su vocación, la hizo crecer en el exterior y en Buenos Aires y regresa a su lugar de pertenencia para florecer colectivamente en un centro cultural cooperativo que es La Cigarrera.

– En Concordia me encontré con un montón de personas con ganas, haciendo arte en un contexto difícil económica y socialmente. A esas personas me acerco y les pregunto sobre su perspectiva. Entonces quiero empezar con la pregunta que me hacían a mí cuando me vine a vivir acá: ¿por qué volvés a Concordia?

Obra «Meyerhold. Freakshow del infortunio del teatro» de Silvio Lang (Foto: Nacho Miyashiro)

– Yo soy de acá. Si bien nací en Córdoba y nos fuimos a vivir al sur cuando era chico, yo me crie en Concordia, mi viejo es de acá y mi vieja es chaqueña. Hice toda mi primaria  y secundaria acá, hice teatro en los `90 en la adolescencia. Eso me marcó, porque era un espacio de cultura pública. La Dirección de Cultura fue un espacio de formación de jóvenes en lo artístico, hicimos teatro en la gestión del gordo Miggoni y también estaba Fabián Nardini. Entonces yo quise ser actor. Me voy a estudiar a Buenos Aires actuación, termino la formación, hago danza contemporánea y canto y me voy a vivir a Alemania. Gano una beca, entro a la escuela de Pinna Bausch y me voy a Italia a laburar en una compañía de teatro, que es de Grotowski. Me vuelvo después de estar tres años afuera con la idea de hacer algo también en Concordia. Tenía romantizada esa idea: hacer una compañía de teatro acá. Pero todavía era muy pendejo, no había anclaje ni un contexto donde valorizaran mi recorrido y yo pudiera acceder a un lugar de tracción. Entonces me volví a Buenos Aires, donde yo si tenía hecho mi caminito. Soy director, tuve mi compañía de teatro un tiempo en relación de grupalidad, y mientras tanto trabajaba en producciones, en obras de teatro independientes y oficiales.

– Alrededor del 2010 entré en crisis con Buenos Aires y quise venir a hacer acá la sala. La intención con la compañía era “vamos a Concordia”, pero luego la compañía se diluyó y esparció a los integrantes. Se fueron a Buzios en Brasil, Bélgica, Bariloche, México. Mantenemos un vínculo fuerte porque hemos seguido investigando cada uno por su lado cuestiones de la materialidad con la que habíamos laburado, que era desde la investigación física y vocal, en la línea del teatro experimental. Andamos dispersos pero conectados. Y yo vine a hacer acá La Cigarrera, que es el espacio cultural de la Rioja y San Lorenzo. Empezó en el 2012, el año que viene van a ser 10 años.

– En el 2011 empecé a tirar paredes con mi hermano, armamos la sala, una sala hecha de una casa, y estuvimos dos años sin habilitación oficial pero funcionando con talleres, como un espacio de enseñanza. A la par armamos una cooperativa de trabajadores de la cultura, la comunicación y el arte, que se llama Vuelta Cambota. Había integrantes que no querían hacerse cargo de un espacio físico, les parecía mucha responsabilidad, había otros ejemplos como la Casa A que habían cerrado por eso. Mantuvimos las identidades separadas pero la Vuelta Cambota podía hacer proyectos y trabajar en la sala, y la sala estaba a mi nombre. Entonces la sala estaba funcionando con clases de teatro, danza, folklore, cuestiones plásticas, canto, yoga. Ha pasado un montón de gente por la sala y por la grupalidad, siempre con la idea de construir con una lógica que no fuera la mercantil del arte. Ya sabemos que hay una posibilidad de funcionar de manera liberal junto al arte que es simplemente poner un precio a lo que hacés y venderlo. Pero a mí me interesaba que el arte pudiera circular como bien cultural, como un derecho, y lograr cooperativamente sostener un espacio que fuese una fuente de trabajo pero también una casa de artistas, garantizar un piso a ciertos derechos laborales del artista, condiciones de trabajo y calidad de vida.

– ¿Estabas pensando también en el público de Concordia y en la posibilidad de acceso a un arte local?

– También del público, si podíamos llegar a generar una circulación y que no fuese matarlos con una entrada. Hay veces que lo logramos por gestiones que hacemos con políticas culturales o con relaciones con instituciones. Por ahí conseguimos talleres o funciones gratuitas, venimos haciendo eso desde hace 10 años, por eso viajo todas las semanas. Después empecé a dar clases en la UADER en las tecnicaturas de música, que son las de piano, canto y guitarra. Ahí doy canto, repertorio y un taller que hice para cantantes. Es la idea que puedan existir formaciones artísticas gratuitas, ya sea dentro de la UADER o ya sea (ojalá podamos hacerlo) dentro de la Dirección de Cultura. A mí me interesan los espacios de formación gratuitos, esa fue mi experiencia en los ´90 y me parece que es un modo de devolver. Porque uno después estudia, se especializa, puede intentar ser bueno en algo y a la vez no perder que uno tuvo una formación gratuita. Mi educación fue gratuita, me la brindó el Estado, que es el modo de acercar eso a una población que si no es así no puede acceder, porque hay gente que no tiene para pagar un taller, apenas llega a las cuentas, quizás son padres y pierden la posibilidad de adolescentes de hacer una experiencia, independientemente de que sean o no sean artistas en el futuro. Sino simplemente como algo sensibilizador y que posibilite un pensamiento que haga correr de la lógica que ya sabemos que existe de supervivencia dentro del sistema, muy capitalista, muy costo-beneficio. El arte puede ser algo totalmente improductivo, y está bueno pensarse a veces de manera improductiva, porque sino simplemente somos engranajes dentro de un sistema que le sirve ¿a quién?. El arte no solo puede ser de consumo, puede ser un lugar de reflexión, de sensibilización, de experimentación de la vida en otro aspecto más poético. 

– Te escucho y comprendo en tus ideas una convivencia entre la militancia por el arte como forma de vida alternativa que permite ampliar los horizontes sensibles y simbólicos de una población, y los derechos de las personas que están trabajando para eso. 

Junto a Gabo Ferro en la obra «4H» de Carlos Trunsky

– La persona que termina eligiendo al arte como medio de trabajo, como profesión, como oficio, puede ser comparado con la medicina o con cualquier otro aspecto de la vida humana en la que nos hemos desarrollado como sociedad. Creo que hay personas que eligen ser médicos pero no simplemente para tener una clínica privada, sino para brindar salud y generar salud comunitariamente. Entonces el arte es lo mismo: podés intentar ser bueno o intentar generar un espacio de introducción artística pero que no sea exclusivamente para que alguien se beneficie y venda eso a un precio, sino para generar una calidad de vida que aspiro para una comunidad. No es solo montar mi kiosquito individual sino una alternativa asociativa, de esfuerzo en común, de una lógica de un beneficio que se vuelve un bien común, como un excedente que si yo no voy a consumir que lo consuma otro, si tengo una herramienta que el resto de la semana no la utilizo que la utilice otro.

– Me gustaría preguntarte por tu vínculo con Concordia más allá del que ya me nombraste, que es de agradecimiento, de devolver eso que estuvo en el comienzo de tu formación.

– El amor por Concordia siempre estuvo. Yo me iba a estudiar cuando terminé el secundario y los veranos volvía a Concordia y pasaba desde diciembre hasta febrero. Había un vínculo con una comunidad, no solamente un vínculo familiar que me puede traer de vuelta, también con la comunidad artística de la cual yo había salido, donde también había lazos afectivos muy fuertes. Cuando vos tenés esa red, tratás de que esa comunidad esté mejor, te preocupas por esa comunidad, y hay también un amor propio, un decir “yo vengo que ahí, yo soy de ahí, yo quiero que nos vaya mejor”. Siempre sintiéndome parte de la comunidad, donde yo viajaba a Buenos Aires o me iba al mundo pero yo sabía que pertenecía acá. Es un registro de pertenencia, no solo de pertenencia de dónde vengo sino también donde yo quiero seguir perteneciendo. Siempre me pareció que Concordia explotaba artísticamente. Me atrae la política cultural porque encuentro al Estado no como un productor de cultura, porque creo que la cultura la producen los pueblos, sino como mediador de las culturas. Nosotros podemos tener un Estado que promueva, que estimule, que beneficie la producción local, o podemos tener un estado que no brinda herramientas, deteriora la calidad de vida de las personas, las condiciones materiales y simbólicas para producir. en ese sentido valoro muchísimo como acá con pocos recursos materiales se produce arte. Valoro de las que suceden acá que quizás otras personas no valoran, digo funcionarios, status quo, clase media. Viene una obra de afuera y ¡Ah! les encanta, van a pagar una entrada carísima al teatro comercial. Hay una obra local y no la van a ver. Siempre sentí una especie de injusticia con les artistas locales, algo que no lo deseaba para mí y por eso me iba afuera, porque a mí afuera me pagan por actuar, logro cosas, pero siempre de manera individual.

– Vi que trabajaste mucho con el director escénico Silvio Lang, militante cuir, rompedor de estructuras heterosexistas. Me pregunto con todo ese bagaje de información, cómo llegar a Concordia donde está todo un poco más…

– ¿Encorsetado?

– Si… donde hay tanto conservadurismo. ¿Cómo lidias con eso?

Obra «Meyerhold. Freakshow del infortunio del teatro» de Silvio Lang (Foto: Nacho Miyashiro)

– Uno lidia con el imposible, con el deseo, y después con la realidad. Expectativa- realidad. En un punto mis viajes, mis idas y vueltas son un modo de lidiar. Yo hace 10 años que voy y vengo. No me quedé a vivir en Concordia. Hay un momento en que algo que me asfixia que siento que si me quedo no voy a poder. Es mi modo de lidiar con ciertos deseos y transformaciones de un espacio que no se dan de un día para el otro. Siempre entendí que iba a ser un proyecto a largo plazo. Hay cosas que uno desearía que sucedan acá y todavía no suceden y no se de qué modo irán sucediendo. Lo cierto es que es una tarea que no he abandonado. Dicen que la única batalla que se pierde es la que se abandona. Hay conservadurismo en una elite, en un sector de la sociedad, hay rigidez en estructuras burocráticas de la política, hay es mucha resistencia a cambiar las cosas. La práctica artística cuestiona todo eso, siempre encontrándose con lo que te sucede en el contexto. En Concordia a uno le gustaría que muchas cosas funcionen mejor, y otras que uno dice “qué bueno que todavía no hay control sobre otras”, porque encontrás margen de posibilidad para ejercer la libertad. Me parece que en ese sentido también es mi vuelta, no solo a Concordia sino a Argentina, porque estando afuera encontré lugares donde las cosas funcionaban, pero lo que uno tiene para decir implica ciertas voces de donde uno viene que no pueden ser dichas en otro contexto. Uno se vuelve un extranjero o un apátrida estando lejos de esa comunidad. Me interesaba seguir siendo en una sucesión de identidades móviles. A veces uno logra poner nombre a identidades: entrerriano, argentino, latinoamericano. Pero lo cierto es que hay algo territorial fuerte. Si uno entra a hablar de colonialismo, es una historia de siglos que es interesante cuestionarla con algunas prácticas. Sobre todo en el ordenamiento geopolítico donde uno toma una decisión. Mi decisión fue volver y trasformar mi lugar en el mundo, mi comunidad. Con una conciencia de mundo, porque viaje y trabajé afuera mucho, y seguí viajando incluso con la base acá, haciendo cosas en Corea del Sur, Singapur, México, España. Mi lugarcito, a donde yo vuelvo y es mi casa, es Concordia. 

– ¿Hay algo de la impronta de este territorio que vos sentís que es importante compartir afuera? 

– Hay algo muy fuerte que sucedió siempre en relación a la entrerrianía, o a un territorio de la región que puede ocupar Uruguay, el sur de Brasil, que tiene que ver con una mistura. Entre Ríos tuvo una población en el siglo XIX con tantas colonias y aldeas, una distribución del territorio que no fue como la Pampa húmeda de Buenos Aires, donde las familias oligárquicas de Buenos Aires al bancar la Campaña del Desierto se quedaron con latifundios gigantes… Entre Ríos tuvo una distribución un poco más equitativa de la tierra que generó a mi entender una diversidad distinta. Mucho cooperativismo surgió en Entre Ríos y en Santa Fé. Hay una relación con el judaísmo también… Si bien Concordia es conservadora, por ejemplo cuando nosotros nos mudamos a Entre Ríos íbamos a la escuela publica y a un club donde todavía no se aceptaba judíos, el Regatas. Había compañeritos judíos y les preguntaban “ustedes son judíos, ¿entonces por qué los mandan a escuela pública? Me parece que si bien se transformó la ciudad y cambió muchísimo, hay una diversidad de la cual ni siquiera es consciente la propia población. Hay veces que uno necesita una distancia para poder encontrar algunas características como identitarias. Cómo suena el candombe en Concordia no es lo mismo que en otra zona. La musicalidad de las chamarras y lo que sucedió con cierto folklore local, unos sonidos del acordeón y de ciertas guitarras, que también tuvieron que ver con una migración. Siento que todas esas características van sedimentando en identidades, que son móviles y se van transformando. En los ´90 Concordia se transformó mucho, dejó de ser una ciudad chica y de pronto se volvió una ciudad con una población barrial periférica muy grande. Y va modificándose todo el tiempo. Me parece interesantísima también la relación con la naturaleza que tenemos nosotros. Hay una humedad que tirás semillas y crecen.

– ¿Qué crees que haría falta en Concordia en cuanto a la producción cultural?

Nacho Monná (Foto: Fany Postan)

– Insisto en que Concordia produce cultura a pesar de… Hay una producción muy grande en un montón de áreas y de artes. Hace falta una presencia estatal mayor. Cuando empecé con La Cigarrera las políticas culturales eran las mismas para todos, ¿qué sucedió de distinto? Que yo tenía el conocimiento de una herramienta que era desde un espacio físico gestionar subsidios y fondos con el Ministerio de Cultura de Nación y a través del Instituto Nacional del Teatro. La provincia empezó a tener ahora en esta gestión un poco más de políticas culturales. El municipio es el que menos tiene. De parte de la Dirección de Cultura no hay políticas culturales claras y transparentes, no las informa. Hay un hábito de la vieja política que es la del puntero, quien esté cerca de la persona que es funcionaria va a tener acceso a los medios del estado, y quien no, no. Percibo que hay tanto de lo cultural que no es valorado por los funcionarios y eso es un problema, porque hay un empobrecimiento de los medios para producir cultura, cuando podrían estar muchísimo mejor con líneas de financiamiento. Pensemos en los teatros municipales, están casi destruidos.

– Hay pocos centros culturales también. La música si encuentra espacio callejero.

– La música encuentra espacio privado también, un restaurant, un recital. Pero lo teatral si necesita el dispositivo escénico, y no es que Concordia no lo haya tenido en su historia, porque hemos tenido teatros, pero hubo un descuido. Si bien el último tiempo ha sido pésimo, en los últimos diez años empezaron a haber espacios culturales autogestivos que ni siquiera teníamos antes, porque con las crisis del 2001 había cerrado todo. Con el kirchnerismo empezaron a aparecer espacios que pueden recibir líneas de financiamiento de Nación, el tema es por qué no los apoya el municipio, son vistos como competencia. No apoyan políticas culturales de cooperación, de enriquecimiento a la comunidad, porque esa es la gran batalla cultural que hay: en vez de la cultura de la competencia, una cultura de cooperación. Todo suma a la cultura de un pueblo.

– Los artistas son locales, producen, el tema es si van a producir con estos medios o si van a estar mejor. Yo creo que faltarían centros culturales, una pagina web de cultura, donde vos te informes de los que sucede en la ciudad. Creo que no la ven. De hecho tampoco hubo una renovación de la gestión. Deja de haber propuestas, entusiasmo, y de ambas partes, de parte del Estado y de los artistas que tienen que ir a hablar. Se cansan, “yo ya fui cinco veces y ya me cansé, si está el mismo de siempre”. Eso desmotiva y empobrece a toda la comunidad, hay una apatía y una no participación. Faltan políticas culturales claras, que la comunidad acceda como ciudadanos y sepa, y que el trabajador de la cultura también tenga esa información.

– ¿Por qué crees que desvalorizan así la cultura, que le ponen tantas trabas?

– Para mí porque incomoda. El arte cuando es genuino incomoda, denuncia, nombra aquello que es injusto. Quien no esté interesado en escuchar esas voces va a poner obstáculos. En Buenos Aires por ejemplo accedés a medios que no siempre están en contra de ese status quo, en cambio en ciudades chicas la elite económica es la misma elite gobernante. Es la misma elite de cierto status quo. Entonces claro, no es que puedo ir al dueño del diario a decirle algo al político, son los mismos. El artista por lo general viene a denunciar injusticias e inequidades y a la elite no les interesa saberlo ni que la gente sepa. Es una especie de censura en democracia, no brindar las herramientas para que esa voz sea escuchada. Afortunadamente muchas veces accedemos al Estado Nacional que no está teñido de esos intereses, desde el teatro estamos super organizados desde el Instituto Nacional del Teatro, que ha permitido que muchos teatros independientes y salas permanezcan en pie pese a las dificultades económicas, está el Instituto Nacional de la Música (INAMU)… Hay organizaciones que son por fuera de la realidad local. Y después es una característica de Concordia, porque uno puede ir a otros municipios y encontrarse con que las cosas funcionan, donde hay apoyo y un acompañamiento

– ¿Podrías pensar en lugares así que conozcas de la zona?

– Villa Elisa está muy bien. La experiencia de Villa Elisa es que vino de Nación el mismo dinero para hacer una Casa de Bicentenario, y la de Villa Elisa está hermosa. La de Concordia nadie sabe dónde está, nadie la conoce, no le pusieron la misma calidad ni a la construcción ni al equipamiento. ¿Cómo puede ser si esa línea es la misma? Algo pasó en el medio. Creo que la comunidad de la cultura concordiense debería poder unirse para exigir esas cosas, para denunciar, para establecer un criterio. Creo que esa misma lógica que vemos en los representantes está contagiada en la sociedad, que es un poco individualista. Terminamos acordando en el diagnóstico pero no uniéndonos para transformar la realidad. El único modo es que nos unamos, nos manifestemos y podamos ir juntos en una dirección. Creo que si la comunidad cultural hubiese denunciado, explicitado, puesto ante los ojos del resto de la ciudadanía, no estarían las mismas personas durante tanto tiempo. A alguien se le hubiese ocurrido cambiar los funcionarios que no están funcionando. Y sin embargo me parece que no logramos generar una presión. Puede ser por las características de nuestra comunidad en cuanto a que no tenemos un poder en la relación de fuerzas. Pero la unión hace la fuerza. 

– Esto que hablo con vos sale en casi todas las entrevistas. Una compañera de la cultura me habla de un espíritu derrotero que se fue construyendo, y pienso en la represa por ejemplo, sucesos en los cuales pasaron por el encima al pueblo, y eso va conformando una forma de ser. Si creo que algo que pasó con la pandemia es que mucha gente que volvió y se sumó a un movimiento que ya había acá. Las ganas de transformación están…

Nacho apuesta a Concordia con un proyecto cooperativo: La Cigarrera (Foto: Fany Postan)

– Por un lado creo que hay que poder dimensionar a las personas que conformamos la comunidad. Muchas veces la idea de volver a Concordia es considerada un fracaso. El concepto de éxito tiene que ver con triunfar afuera y ese triunfo implica irte de Concordia, entonces te expulsan. Hay una especie de fuga de cerebros, personas que son de acá, se formaron pero que si vuelven no son tenidas tanto en cuenta. Por otro lado, cuando uno identifica roles, personalidades y actitudes, vamos a potenciarlas. En ese sentido me considero todo lo contrario a un derrotero. Sigue La Cigarrera en pie. Nunca dejé de venir a Concordia por más que deje este sabor amargo cuando uno reflexiona en profundidad sobre ciertas cosas. A mí no me interesa esa personalidad en pos de un sueño individual, porque si fuese sólo eso no volvería a Concordia, porque hay un montón de otras posibilidades de tener un desarrollo, que de hecho lo hago. Pero el desafío es transformar la realidad colectivamente. Tenemos la experiencia con la UADER donde hemos logrado crecer colectivamente, porque somos un equipo docente nuevo, hubo un recambio generacional. Malvina Gutiérrez, Esteban Taubas, Martín Messina, Juan Paccazochi, María Esperanza Arigós, nos hemos formado y hemos vuelto, y en esa vuelta nos encontramos con un espacio de construcción colectiva. Discutimos, pedimos por alguno de nosotros que logre un escalón más arriba en la cuestión piramidal, que quien en este momento tenga esa energía acceda a un lugar de poder pero simplemente por una cuestión de organización. Si nosotros discutimos sobre el arte y la cultura y nadie quiere asumir a un cargo estamos en el horno, el único modo de lograr que esa estructura cambie es participando. Organicémonos y vayamos viendo a quiénes vamos logrando legitimar, porque la propia comunidad es quien legitima determinados personajes. Cuando lo vemos sin mezquindades eso aparece. A veces sucede y hay instituciones que funcionan gracias a eso, a que hay un trabajo colectivo. No creo en una democracia que no sea participativa. Creo que ahí está la clave de la cuestión cultural en la ciudad, que haya una verdadera relación de legitimidad entre los funcionarios y la comunidad artística.

NOTICIAS RECIENTES

“Minuana” y “Paranormal”

El jueves 21 de octubre a las 22:00 en “Pueblo Viejo” (Alem 230) brindarán un… Leer más

12 horas hace

“Reseteo”

El viernes 22 de octubre a partir de las 22:00 en “Pueblo Viejo” (Alem 230)… Leer más

12 horas hace

Festival Internacional de Cine de Entre Ríos

Hasta el viernes 22 de octubre está abierta la convocatoria a participar en el Festival… Leer más

13 horas hace

“Solos al piano”

El martes 19 de octubre a las 18:00 en la Peatonal (San Martín y entre… Leer más

1 día hace

Video Minuto 2021: “El agua”

A lo largo de todo el mes de octubre (plazo reprogramado) está abierta la inscripción… Leer más

1 día hace

“Inusitados”

El sábado 23 de octubre a las 22:00 en “Pueblo Viejo” (Alem 230) brindará un… Leer más

1 día hace

Esta web usa cookies.