25 octubre, 2020
cuidarte es cuidarnos
Elegía marital  

Elegía marital  

Dejame de joder. Hay libros por todos lados. Si no son de esto son de lo otro. Y siempre caes con uno nuevo. Todos tirados, hasta el perro tiene uno hecho pelota afuera. Compraste las maderas y no armaste nada, dos tablas pusiste en la pared y encima hay una que está que se cae. Hay libros en el baño, en la cocina, en la mesa siempre, en el galponcito, debajo de los sillones, en la habitación de la nena y hasta en el auto, y a ver cuándo limpias el auto, también. Compraste la computadora y ahí la tenés, tapada de libros y fotocopias. La compraste para escribir y no escribís nada, seguís con la birome tachando y tachando. No soy tu madre ¿tengo que decirlo? Y no es con los libros, yo misma los ordenaría si te pusieras de una buena vez a armar la biblioteca. Ahí están las maderas pudriéndose en el patio. Y después te enojas si no encontrás uno: que yo lo dejé sobre el televisor, que por qué lo tenés que sacar, que cada uno tiene su orden…pero acá somos tres, querido, no vivís solo. Lo único que guardas bien y que nadie lo vaya a ver o a tocar porque al señor no le gusta, son tus cuadernos, todos en sus cajoncitos y la cajita verde y que las biromes que no las usen, ¡sos un histérico! Y ahora quedo yo como la bruja que no entiende nada y vos con la literatura que de acá que de allá ¡Puro, Circo! Me hartaste. Ocupate un poco, ocupate de mí por lo menos. Y la nena que toca todo, que lleva y trae y los rompe y hay hojas por todos lados. No decís nada ¿Me estás escuchando?,¡dejá el cuadernito y mirame! La casa es un quilombo. Si no fuera porque yo voy atrás tuyo acomodando más o menos como puedo, esto sería un nido de ratas. Sos peor que la nena. Cuando me fui unos días, volví y esto era una mugre. Todo tirado, una torre de platos y vasos haciendo equilibrio en la pileta, cigarrillos, vasos, tucas, un asco. Te saqué libros y diarios y revistas a la vereda y ni siquiera te fuiste a fijar qué había sacado. Camino y pateo libros, libritos, crayones de la nena que, pobre, hasta ella acumula ahora papeles en la cuna. Y ahora claro, la histérica soy yo, ya debes estar pensando en escribir esto; tu ego de escritor y tu auto adulación ¡sos insoportable! y con la excusa del poeta dormís como una morza la siesta y que nadie te vaya a despertar porque arrancas: que el sueño es el estado natural de la mente y toda la sarta de gansadas que te excusan, no ante mi te aclaro, en tus escritos, para que otros digan si claro, y sí, claro, la vida del escritor. ¡Pero quién te crees! Escribilo dale. Mirá como te tiro letra. Cuánto vale el kilo de papel, te voy a vender todo cuando te vayas, porque te vas a ir porque todos los escritores con su vida emocional turbulenta pasan de una mina a otra como si nada y no tienen hijos… Te recuerdo que tenés una, y que hay que educarla. La única vez que escribiste un monólogo para mí, nos peleamos y lo prendiste fuego, siempre rompes, como el otro día que destrozaste la guitarra y ¡bueeeno! Por lo menos logré que me veas, ahora decime algo.

-¿Cómo te fue?

-¿Y a vos qué te parece?

-Estaba escribiendo, quizás te interese, empieza así: Lo que me molesta es el olor de las arañas, me reseca la nariz…A mis palabras se las comerán las ratas hoja por hoja

-Me dijo que no daba con el personaje, que buscaba una cara más llovida, más naif, más no sé qué. Un pelotudo.

-Te leo un poco más: en el piso se marean y se trepan a los sillones, creo que les gusta el amarillo y que la cuerina las hace sentir más fuertes. Es el monólogo para Alfonsina: Tanto mar de letanías. Podrías hacerlo.

 

Hernán Lasque

 Nos seguimos cuidando
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