28 octubre, 2020
cuidarte es cuidarnos
Gamuza           

Gamuza           

Con frecuencia despertaba en mitad de la noche ensayando alguna frase en la oscuridad, cosas para decirle que en precipitadas letras expulsaba sobre un papel cualquiera. Cierta madrugada, sentados el uno al lado de la otra en mesa de amigos, borrachamente lírico, le dijo: devuélveme esta noche el corazón, mételo en mi pecho mientras duermo y corre como un niño; intentaré no pensarte mañana para que seas enteramente libre. Ella retuvo en los ojos la risa y lo besó en la mejilla, como a un chico: cuánto te quiero. –Y después dice que es un poeta menor-  levantó la voz y la copa el amigo Franco, sentado justo frente a ellos –a vuestra salud, compañero. 

 

Una hora después, el grupo de amigos atravesaba las calles. Amanecía. Caminaban y conversaban todavía animados por el vino. Él se acercó a ella y le tendió su brazo sobre los hombros para hablarle al oído: Se soltará en el sueño tu imagen de mi frente como líquida gota de perlas, y si el aire despertara en su calor el sonriente vuelo de la mariposa, se aplastará mi labio en la boca de tu pecho, y soñaré en mi mano el perfume de tus formas, cuando el otoño vuelva y me llene la garganta de hojas secas.

 

No comprendería entonces cómo adelantándose unos pasos tomara por la espalda al amigo Franco y le aplicara tan apretada caricia entre las piernas, tanto tan así en medio de la calle tan clara y tanta risa les iba a dar a los otros más adelante también, tanto vino, tanta cosa tan tanteada y tan sopesada…tan tan… campanas.

 

Naturalmente, vomitó mientras los escuchaba, ya sin mirar, subir a un taxi. Inclinado, entre profundas arcadas, tuvo las dos penosas revelaciones de la noche: uno, que iba a masturbarse una vez más pensando en ella y, dos, que llevaba puestas, él, irremediablemente vomitadas, flamantes botitas de gamuza.

 

 

 Nos seguimos cuidando
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